Jerigóndor Versión de Francisco Torres Oliver, incluida en Alicia anotada, edición de Martin Gardner. Akal Editor, Madrid, 1984. Fuente: Wiki Cocillaba el día y las tovas agilimosas giroscopaban y barrenaban en el larde. Todos debirables estaban los burgovos, y silbramaban las alecas rastas. "¡Cuídate, hijo mío, del Jerigóndor, que sus dientes muerden y sus garras agarran! ¡Cuídate del pájaro Jubjub, y huye del frumioso zumbabadanas!" Echó mano a su espada vorpal; buscó largo tiempo al manxomo enemigo, descansó junto al árbol Tumtum, y permaneció tiempo y tiempo meditando. Y, estando sumido en irribumdos pensamientos, surgió, con ojos de fuego, bafeando, el Jerigóndor del túlgido bosque, y burbulló al llegar. ¡Zis, zas! ¡Zis, zas! ¡Una y otra vez tajó y hendió la hoja vorpal! Cayó sin vida, y con su cabeza, emprendió galofante su regreso. "¿Has matado al Jerigóndor? Ven a mis brazos, sonrillante chiquillo, ¡Ah, frazoso día! ¡Calós! ¡Calay!" mientras él resorreía de gozo. Cocillaba el día y las tovas agilimosas giroscopaban y barrenaban en el larde. Todos debirables estaban los burgovos, y silbramaban las alecas rastas.