
EN LA SENDA DEL HOMBRE (Jane Goodall). Capítulo 19: En la senda del hombre (Fragmento).
(...) Cuando dos chimpancés se saludan al encontrarse de nuevo después de haber estado separados, su conducta llega a parecer tan sorprendente como la de dos personas en idéntica situación. Los chimpancés pueden inclinarse o agacharse, darse las manos, besarse, abrazarse, tocarse o palmotearse casi en cualquier parte de su cuerpo, especialmente en la cabeza, rostro y genitales. Un macho puede acariciar a una hembra o a una cría en la sobrebarba. Los seres humanos, en muchas culturas, hacen también uno o varios de tales gestos. En ciertas sociedades, tocar o tomar los genitales de otra persona es una forma de saludo que aparece ya en la Biblia, con la única diferencia de que, al ser traducidos los pasajes oportunos, la mano se coloca bajo el muslo del compañero.
En las sociedades humanas, gran parte de las ceremonias de saludo constituyen ya un rito. Un hombre que sonría al saludar a un amigo o que inclina su cabeza en la calle con un conocido forzosamente está reconociendo que el otro goza de una condición social superior. Y, sin embargo, la inclinación de cabeza se deriva de la reverencia o genuflexión de sumisión, y la sonrisa, de una mueca de nerviosismo. A menudo, sin embargo, el saludo humano sigue sirviendo para poner en su punto la respectiva condición social de cada cual, sobre todo en las solemnidades.
Un saludo entre chimpancés casi siempre cumple tal propósito: reafirmar la posición del uno con respecto del otro. Cuando la nerviosa Olly saluda a Mike, puede tenderle la mano o inclinarse hacia el suelo, agachándose humildemente con la cabeza doblada, reconociendo así el rango superior de Mike. Este puede, como respuesta, palmotear o tomar la mano de la hembra, o bien tocar su cabeza, todo ello como respuesta. El saludo entre dos chimpancés suele ser más expresivo cuando los implicados son buenos amigos, y todavía después de haber estado alejados durante algunos días. Cuando se encontraban, Goliat solía rodear con sus brazos a David, al propio tiempo que cada uno ponía sus labios en el rostro o cuello del otro, mientras que un saludo entre el mismo Goliat y Mr. Worzle raramente incluía sino un contacto ocasional, y ello aunque no se hubieran visto durante algún tiempo.
No son solamente sumisos o tranquilizadores los gestos de los chimpancés. Muchos de sus juegos se parecen extraordinariamente a los de los niños. Los cosquilleos que hacen los chimpancés con sus dedos son casi idénticos a los nuestros, así como, en otro orden, algunos gestos y actitudes de amenaza. Al igual que el hombre, el chimpancé puede quedarse mirando fijamente a su enemigo o levantar un brazo rápidamente, echar atrás la cabeza, abalanzarse sobre el adversario agitando los brazos, arrojar piedras, blandir una estaca, golpear, patear, arañar, morder, tirar del pelo de su víctima...
De hecho, si por una parte observamos todo el abanico de posturas y gestos de los chimpancés, y por otra de los hombres, hallaremos, en muchos casos, semejanzas sorprendentes. Parecería como si unos y otros hubieran evolucionado, a este respecto, de forma notablemente paralela, o bien que nosotros y los chimpancés tuvimos un mismo antecesor, allá en la noche de los tiempos. Un antecesor que, además, se comunicaba con sus semejantes con besos y abrazos, tocándose, palmoteándose y cogiéndose de las manos. (...)
Fuente: Goodall, Jane. En la senda del hombre. Traducción de Julio Rodríguez Puértolas y Carmen Criado. Barcelona. Salvat Editores, 1986.
Aunque tengo el libro, me he limitado a copiar un fragmento hallado en este enlace... Me apetecía...